¿Por qué existe tanto Universo?

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Glass-8
Las características del Universo hacen por completo inverosímil la existencia de Dios y, por tanto, sus atributos según la teología.

Tengo que reconocer que aquella ocasión en la que me preguntaron el porqué de la existencia del Universo tuve mucha suerte, y no solo porque yo acabase de leer el libro de Larry Krauss y tuviera la respuesta prácticamente lista: lo que me salvó de una larga e infructuosa discusión fue, sobre todo, que mi interlocutora no fuese especialmente experta en las lides teológicas. Una de las grandes ventajas de la teología con respecto a la ciencia es que no necesita justificar sus respuestas, le basta con inventárselas, y seguro que alguien con más tablas en este tipo de discusiones hubiese aprovechado mi contestación para preguntar a continuación por qué la mecánica cuántica está orientada de tal manera que provoque la existencia del Universo. El caso es seguir colocando a Dios justo allá donde el conocimiento actual no pueda verificar (ni, por tanto, desmentir) su existencia, aunque en el fondo lo estén equiparando a esos enanitos que, como todos sabemos, viven en las neveras, pero se vuelven invisibles cuando abrimos la puerta.

Aquella vez, como decía, tuve mucha suerte, porque yo lo único que quería era disfrutar de mi baño en la piscina, pero en alguna otra ocasión sí que me han intentado llevar por ese camino casi infinito de relaciones de causalidad, reales o ficticias, que solo termina cuando a un “no se sabe” o “esa pregunta no tiene sentido” le sigue un “pues la causa es Dios” por parte del defensor de su existencia. En realidad, en esos casos, mi táctica suele ser mucho más sencilla: a su “¿por qué?” yo replico preguntando “para qué”. ¿Para qué creó ese supuesto creador un Universo tan extenso en el tiempo y en el espacio?

… el principal problema con el que se enfrenta el creacionismo no es el del tiempo, sino el del espacio. Vivimos en un pequeño planeta que orbita alrededor de una muy modesta estrella de una galaxia normalita entre los centenares de miles de millones que se estima existen en el Universo.

Hagamos unos números (pero poquitos). En la actualidad, las mejores estimaciones indican que nuestro Universo surgió hace unos trece mil setecientos millones de años. Durante la mayor parte de ese tiempo ni siquiera existió el Sistema Solar, que empezó a formarse hace unos cuatro mil seiscientos millones de años. E incluso así, la vida tardaría aún bastante en aparecer: como muy pronto, hace cuatro mil doscientos millones de años, aunque probablemente fue mucho más tarde. Y así podemos seguir añadiendo etapas hasta llegar a la aparición del ser humano, que en sus variedades más primitivas (‘Homo rudolfensis’, ‘Homo habilis’) se remontan a hace menos de dos millones y medios de años. Vamos, que solo hemos habitado este Universo, supuestamente creado para nosotros, durante menos de un 0,02 por ciento de su existencia. Un poco absurdo, ¿verdad?

Y eso que el principal problema con el que se enfrenta el creacionismo no es el del tiempo, sino el del espacio. Vivimos en un pequeño planeta que orbita alrededor de una muy modesta estrella de una galaxia normalita entre los centenares de miles de millones que se estima existen en el Universo. Y aunque nuestra tecnología llegase a avanzar mucho más allá de lo que parece posible, y alguno de nuestros descendientes pueda contemplar esas cosas que, como decía el replicante Roy Batty en ‘Blade Runner’, no creeríamos (si no conocen la cita, pregunten al amigo Adrián Massanet, unas columnas más allá), aun así es materialmente imposible que podamos llegar a ver ni una mínima fracción de lo que contiene nuestro Universo. Un Universo que, nos dicen, ha sido creado por y para nosotros, pero en comparación con el cual somos absolutamente insignificantes. De nuevo, un absurdo.

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José Jiménez

Naturalmente, ninguna de estas consideraciones excluye la eventual existencia de un creador. Pero sería un creador al cual, evidentemente, le importamos un pepino, completamente ajeno al hecho de que, sobre un trozo de roca, en una de sus galaxias, han aparecido unos conjuntos de moléculas con propiedades tan curiosas como crecer, procrear o inventarse creencias estúpidas. Pero es que un creacionista no quiere convencernos de eso; quiere que, a partir de su demostración, aceptemos que ese creador hizo todo el Universo para que nosotros vivamos en él con objeto de adularle y adorarle. Cuando alguien te pregunta por qué existe el Universo, no quiere que aceptes un teísmo vago e inconcreto, quiere que te tragues también que ese creador prohíbe taxativamente el uso de los condones, nos mandó la crisis económica por haber permitido el matrimonio homosexual, y como tengamos la ocurrencia de comernos una pechuga de pollo en Viernes Santo, nos arrojará para siempre a las calderas de Pedro Botero.

Y para eso, la verdad, más valdría que se dejasen de intentar tocar las narices al conocimiento científico y regresasen al creacionismo clásico, al que nos dice que Yahvé tuvo la ocurrencia de crear la luz el 23 de octubre del año 4004 a. C. (curiosamente por la noche; se ve que quería leer en la cama o algo) y que a partir de ahí no paró hasta crear a Adán y Eva a su imagen y semejanza y también a la nuestra, pero sin ombligo. Lo cual también es absurdo, pero al menos hace que las discusiones teológicas resulten mucho, muchísimo más divertidas.

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2 comentarios

  • Perfecto, me encantan tus convincentes argumentos porque así nos libras a los verdaderos religiosos del lastre de falsos religiosos que creen esas tonterías y explican así de mal la realidad, y lo que es peor, se llenan la boca de la palabra “dios” y después andan haciendo cualquier cosa… mejor que se vayan para tu rebaño. Gracias de nuevo.

  • Y digo yo: ¿No sería más definitivo para negar la existencia de Dios que el Universo fuera una cosa pequeña, monótona y miserable?

    Por otro lado, ¿quién dice que no hay otros seres inteligentes en un Universo tan basto? ¿Y quien dice que esos seres, aunque le den otro nombre, no adoran al mismo Dios?

    Una de las características de la inteligencia superior es la religión, casualmente. Los conejitos no la tienen. Y usar la ciencia para rebatir la religión me parece cambiar una fe por otra mucho más endeble.

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