Los sucesos paranormales de los que he sido testigo

sucesos paranormales
Es momento de confesar que los sucesos paranormales más insólitos han formado parte de mi vida desde cuando ni me habían salido aún los dientes.

Desde pequeño he convivido con el mundo paranormal. Casi podría decirse que era un Danny Torrance en potencia y, de saberlo entonces, hubiese guardado las distancias con mi padre y el retrete habría engullido todas nuestras bebidas alcohólicas. Si después de este espléndido chiste malo pensáis que por mi boca no salen más que disparates, es posible que estéis en lo cierto; pero permitidme que os describa ese mundo paranormal.

En el principio existía el verbo, antes de que la tierra fuese soledad y caos y las tinieblas cubriesen el abismo; pero desconozco cuál y cómo se conjuga. Quizá sea el que se utiliza para designar la administración del sacramento del bautismo; y esta fue, precisamente, mi primera experiencia con ese mundo, milenios después de la sola existencia verbal, de la atroz metedura de pata cometida por la mujer del hombre sin ombligo ni las veinticuatro costillas reglamentarias; siglos más tarde de la proeza llevada a cabo por la devotísima Judit, que decapitó a Holofernes y mandó colgar su cabeza en lo alto de las murallas de Betulia, para regocijo del cineasta David Wark Griffith; de la inquina con Job, de la zarza cuyo fuego habló a Moisés cual flamígera cotorra, lo que me recuerda a la anciana que fue testigo del cómico orgasmo de Sally Albright en aquel café ochentero; de un crucificado que a los tres días, como en la rumba, ya “no estaba muerto, no, no, que estaba de parranda”.

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Adolfo Honorato

Me uní a él, y a la Iglesia, en virtud del carácter sacramental del bautismo, es decir, sin comerlo ni beberlo, me estamparon una marca indeleble en mi espíritu, que ahora se me antoja parecida al tatuaje con el nombre de aquel amor que te dejó en la estacada; cuesta tanto la apostasía como librarse de un tatuaje. Obtuve el perdón de mis pecados, pues no debí llorar de madrugada como todo bebé inicuo: interrumpir el reposo de papá y mamá, si no viola con nitidez el cuarto mandamiento, es, simple y llanamente, una putada, pecaminosa a la fuerza; y se me concedió el don del Espíritu Santo, que debe de ser como un fantasmita benévolo al estilo de Moquete; aunque aún no lo he descubierto en la otra punta de un pasillo ni me ha “moqueado” a continuación como a Peter Venkman.

Acudí a misa en tantas ocasiones, antes y después de disfrazarme de marinerito para la primera ingesta de una hostia, que me habitué al milagro de la transubstanciación como a la cantinela matinal de “Quinto, levanta, tira de la manta”: incluso la metamorfosis de la hostia y el vino benditos en cuerpo y sangre de Jesús pierde encanto al repetirse a menudo. El problema es que un amigo y un servidor, partenaires en el sainete sacramental, nos zampábamos a veces parte de las obleas que el cura guardaba en la sacristía —no en el sagrario— de nuestra parroquia, no por hambre ni intemperancia sino por hacer alguna diablura; e incluso él llegó a beberse los culines de mistela intravenosa que quedaban en el cáliz tras la eucaristía. Eso nos habrá condenado para toda la eternidad, así que ya no importa que, con la madurez y la luz de la reflexión adecuada, derivase en un hosco escepticismo y un gusto malévolo por la burla y el sarcasmo racionalistas. Pero supongo que no se me nota.

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16 comentarios

  • Carambainas; a medida que lo iba leyendo, letra por letra, yo pensaba “Esto tenía que haberlo escrito yo, caray”. Pero me gusta que lo haya escrito César Noragueda: me ha ahorrado mucho curro; y para decir lo mismo, el trabajo está hecho y además en estilo Derrechupete, algo que siempre alegra la vista, como las ninfas, Tarantino o los pasteles bonitos.

    • Tú no necesitas escribir un texto como este, Alonso. Con los que ya escribes basta y nunca sobra. Pero, si te animas a hablar así sobre los sucesos paranormales que hayas vivido, bienvenido será. 😉

  • Buen artículo, nunca había relacionado lo paranormal con los rituales católicos, apostólicos y romanos, los había visto siempre como actos simbólicos, como al nombrarte caballero te posan la espada en los hombros, pero desde el punto de vista de un creyente es de lo más paranormal.

    Con el tema de la apostasía, una amiga que lo consiguió de lo más fácil, con su partida de nacimiento fue al arzobispado y salió apóstata sin pega alguna, increíble con lo complicado que es.

    Saludos.

    • Desde el momento en que se deja de creer te conviertes en un no creyente, lo demás, es un asunto burocrático que poco tiene que ver con la fe.

    • Desde el punto de vista un creyente, en realidad, los milagros que se producen durante sus ritos deben de ser lo normal, Raúl. Pero si los catalogamos razonablemente, no hay duda de que algo como la transubstanciación debe ir al ámbito paranormal y, por tanto, al de las engañifas.
      Por otro lado, puede que tu amiga saliese apóstata del arzobispado, pero de ahí a que la Iglesia deje de contarla como católica para sus intereses numéricos, es decir, económicos… En su lugar, yo haría más comprobaciones.

      Y la apostasía será un asunto burocrático que poco tiene que ver con la propia fe, que se supone que es algo personal. Pero a mí no me hace ninguna gracia que la Iglesia me utilice en su argumento de la falsa mayoría católica para seguir chupando de la teta del Estado con todo el morro.

    • Según la Rae apostatar es: Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo, y sí “espiritualmente” apostaté hace muchos años, ahora quiero hacerlo “legalmente” porque, como muy bien dice César, quiero dejar de ser un número más con el que juegue esa gran multinacional llamada Iglesia Católica.

      Y yo pensaba que esta amiga era una de las grandes heroínas de nuestro tiempo por conseguir apostatar, sin embargo le tengo que preguntar qué es lo que hicieron exactamente en el arzobispado.
      Se ve que en este país aún andamos en los tiempos del medievo, la nobleza (políticos y empresarios)y el clero (desgraciadamente siguen siendo los mismos)tien el poder. A ver si algún día conseguimos que España sea un país laico.

      Saludos.

  • He leído con suma atención su artículo y , ciertamente, no encuentro relación alguna entre el título y el desarrollo de su trabajo; asoma alguna incredulidad provocadora, pero venial para lo que se lee hoy día, sin embargo el verdadero meollo del asunto (que lo debe tener) se me escapa, quizá debido a mis muchos años.
    P.D.
    Ah, una curiosidad: ¿quién es Danny Torrance?

    • Cuando nos hablan de sucesos paranormales, solemos pensar en cualquier cosa excepto en los rituales religiosos, pero a mí me parece bastante paranormal que mediante el bautismo se estampen marcas indelebles en el espíritu de la gente o que una oblea y un poco de vino se transformen en la carne y la sangre de alguien. Y muchos lo aceptan como si tal cosa. Ese es el meollo de la cuestión.
      Por otra parte, Danny Torrance es un personaje de la novela ‘El resplandor’, de Stephen King.

    • Ah, ahora sí entiendo su argumento, aunque en cuestiones de fe, que supone una predisposición a creer, el asunto por usted tratado tiene otra vertiente, la de la aceptación o no del problema (¿?) religioso, pero sigue en el aire la posible solución… ¿qué hacer?
      P.D.
      Gracias por dar un poco de luz a mi ignorancia en cuanto al personaje por usted aludido.

    • La cuestión del problema religioso la trataré más adelante, con más seriedad, en otro artículo; aunque seguro que dará para más.
      Y le recomiendo la lectura de ‘El resplandor’; es lo suficientemente perturbadora como para resultar una experiencia difícilmente olvidable.

  • Después de leerlo y releerlo sigo sin estar de acuerdo con el toque burlesco y a veces prepotente de los que haga el señor Noragueda cada vez que habla del tema religioso que tanta grima parece darle.

    Todos sabemos que es usted ateo, yo también lo soy y puedo compartir o no sus ideas. Lo que no comparto es su manera de expresarse cuando se habla del tema religión, Dios, Jesús y la Santísima Trinidad. Cuando he visto el título de “Sucesos paranormales” en este artículo, pensaba encontrarme (con bastantes ganas, a decir verdad) otro tipo de texto, pero lo que me he encontrado ha sido más de lo mismo, lo mismo que uno que haya leído cosas suyas ya conoce y ha leído infinidad de veces.

    En pocas palabras: se puede ser ateo y hay total derecho para serlo. Lo que ya no se puede hacer es serlo, vanagloriarse de ello y criticar y atacar todo lo que no lo sea, como si de “algo paranormal” se tratase. Hay algo llamado respeto que se debería tener incluso para todo aquel que tiene ideas completamente opuestas a las nuestras.

    Un saludo

    • Las personas merecen respeto, pero sus ideas tienen que ganárselo. De lo contrario, el progreso intelectual sería imposible. Y nadie puede quitarme el derecho a burlarme de lo que me plazca, sobre todo si se trata de algo tan absurdo: si la gente no quiere que se burlen de sus creencias, no debería tener creencias tan graciosas; como nadie puede impedirme atacar verbalmente toda idea que me parezca merecedora de ello.
      La gente tiene libertad para creer en lo que quiera, y yo para expresar lo que desee acerca de sus creencias. A ver si dejamos de una vez la ley del embudo para la libertad de expresión.
      ¿Como si de algo paranormal se tratase? ¿La transubstanciación no es algo objetivamente paranormal? ¿Acaso es lo más normal del mundo? ¿En qué libro de ciencias naturales aparece como fenómeno físico?
      Por otra parte, si el tema religioso me diese verdadera grima, no lo tocaría tanto como lo toco. Y en cuanto a la prepotencia y la vanagloria, creo francamente que yo he escrito un texto y usted ha leído otro.

  • Totalmente de acuerdo con Bodom , el respeto es lo mas importante Y sigo si verle la gracia ; no te preocupes por la travesuras de monaguillo , son u n clásico y cualquier acólito que se precia lo ha hecho alguna vez . Esos serán tus pecados menores , te condenarás o no quien sabe, por otros si tu lo quieres

    • Pues si está totalmente de acuerdo con Bodom, aplíquese entonces la réplica que a ella le hice.
      En cuanto a la condenación eterna que me procurará ese dios tan amoroso del judeocristianoislamismo, no se preocupe; ya sé que por comerme una oblea no me mandará a que me quemen y me pinchen en el culo por los siglos de los siglos: aún no se había convertido en carne de Cristo, así que no me puede acusar de canibalismo.

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