Arrodillarse ante Dios es pastar en los campos de la ignorancia

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Matthew Fearnley
Una explicación sobre de dónde vienen las religiones y por qué las personas harían bien en liberarse de ellas lo antes posible.

Cuando supimos que la santa madre Iglesia Católica, apostólica y romana iba a prohibir el ingreso de homosexuales en los seminarios, un portavoz de Católicos Unidos por la Fe, con sabiduría ultraterrena, comentó que admitir a homosexuales “es como encargar a un alcohólico que regente un bar”. A mí me pareció una ocurrencia estupenda, casi obra de una epifanía; no porque alabe la discriminación perpetrada por un hatajo de represores, entiéndaseme, sino porque, si cada vez hay menos devotos, ahora además habrá menos pastores del rebaño; y si cada vez hay menos pastores y menos borregos, es posible que cada vez más gente paste en los campos de la inteligencia. Si no abandonan el catolicismo para caer de bruces en alguna otra engañifa, quiero decir.

Mucho han dado la matraca los que viven de vender la ceguera del creyente, igual que los mismos ciegos, con la tontería de que el ser humano es religioso por naturaleza. Ahí es nada: determinismo divino, una predisposición a desgastarnos las rodillas y la laringe con plegarias al cielo. Sólo les queda asegurar que venimos con oraciones cristianas, la tefilá, la azalá, el gaiatrí y otros despropósitos de serie, según corresponda. Y lo cierto es que curiosidad es lo único que soportamos, y no es gratuita de ningún modo: no se trata de simple amor por el conocimiento, sino que necesitamos estar al corriente de lo que nos rodea para sentir calma chicha y creer que no hay peligro o que podemos mantenerlo a raya; es el espanto de todos nosotros, el de los animales; el espanto de la supervivencia.

… me resulta divertido que los creyentes digan con orgullo que su religión ha sabido adaptarse a los tiempos, pues no sólo sus dogmas y su moral son extemporáneos de por sí, el triste vagón de cola de los homínidos inteligentes, sino que incluso sus progresos los hacen de mala gana y porque los demás no les dejamos otra opción.

Y la necesidad de permanecer a la expectativa llega al punto de que nuestro cerebro está programado para sacar conclusiones rápidas ante cualquier estímulo, desde cuáles son los movimientos certeros para sortear un obstáculo en la acera y no partirnos las narices hasta la opinión que nos merece una persona a la que conocemos de un día o incluso con la que nos cruzamos por la calle: nuestra mollera es una fábrica de prejuicios a la que le urge el látigo de la disciplina consciente.

La religión surgió para dar respuesta a dudas que entonces éramos incapaces de despejar, sobre todo las relacionadas con la naturaleza. Los astros, los ríos, los vientos fueron dioses, y las catástrofes que provocaban, resultado de sus propias luchas o de su temible ira por nuestra desobediencia. Les hacíamos sacrificios, a veces horrendos, para contentarles y que nos agraciaran con una buena cosecha todos los años; y seguimos con ellos aunque la religión evolucionara hacia una mayor complejidad conceptual, litúrgica y organizativa; y ahora son simples ofrendas. Los dioses se volvieron antropomorfos y, luego, abstractos.

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Ubé

El monoteísmo apareció con el triunfo de Ēl, divinidad de los cananeos y uno de los integrantes del panteón israelita arcaico, sobre los demás; o de sus fieles, que debieron de ser unas bestias poco aficionadas a transigir; y ya sabemos lo que dicen del árbol que nace torcido, del que proceden las tres religiones abrahámicas que tan feliz han hecho a la humanidad y que, no obstante, hoy día, si bien aún son muy poderosas, pierden clientela ante lo neopagano y el sincretismo. Y por si hay quien se lo cuestiona, los ateos no son clientela.

No hay duda de que la evolución del pensamiento religioso, siempre tardía, se ha debido en gran parte a los empujones que le han propinado los que caminaban hacia su oposición: el pensamiento racional y la ética laica. Y me resulta divertido que los creyentes digan con orgullo que su religión ha sabido adaptarse a los tiempos, pues no sólo sus dogmas y su moral son extemporáneos de por sí, el triste vagón de cola de los homínidos inteligentes, sino que incluso sus progresos los hacen de mala gana y porque los demás no les dejamos otra opción.

… las incógnitas de las que se sirve la religión para imponerse se reducen poco a poco; los dioses ya no son precisos para explicar el origen de la vida y del universo ni para revelarnos moral alguna…

La historia del saber es la historia del progresivo acorralamiento de la teología y de su parentela irracional. Con el método científico se estudia, describe, transforma y utiliza la naturaleza, y es el único que se ha demostrado eficaz para ello. Con el producto racional de la ética laica se puede distinguir el buen comportamiento del malo según las consecuencias de nuestras acciones. Así, las incógnitas de las que se sirve la religión para imponerse se reducen poco a poco; los dioses ya no son precisos para explicar el origen de la vida y del universo ni para revelarnos moral alguna, y el reducto que les queda a las religiones para conseguir y mantener a sus consumidores espirituales sigue siendo la incertidumbre y los campos borreguiles de la ignorancia. Y no sé vosotros, pero yo prefiero pastar en campos más fértiles.

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13 comentarios

  • Hola Cesar.
    Me ha gustado tu artículo. Lo que comentas en él, Richar Dawkin lo expone en su libro “El espejismo de Dios”. Lo que el llamaba el Dios de las tinieblas. A medida que la ciencia arroja luz sobre diferentes aspectos de la realidad, la necesidad de Dios se reduce.
    Nos tendriamos que maravillar con la grandeza del universo, que poco a poco vamos descubriendo, en vez de conformarnos con las explicaciones religiosas al uso.
    Un saludo y muchas gracias.

    • Conozco al bueno de Dawkins por sus debates, iniciativas y conferencias, y por Twitter, claro. Aún no he leído ningún libro suyo, pero espero que pronto caiga ‘El gen egoísta’, para empezar.
      Ojalá tuviésemos en España a alguien con tanto empuje como él.

  • Cierto es que la religión cada vez tiene menos asideros a los que agarrarse. La ciencia, desde que Darwin mató a Dios con su teoría, ha ido dejando en ridículo todos los dogmas insostenibles que sólo se “explicaban” echando mano de la fe.
    Pero como toda religión debe mantener el redil que la conforma y no dejar que la ciencia arruine el chiringuito, igualmente se adapta a los preceptos cintíficos. Hace algún tiempo escuché de la boca de un obispo, o cura, o similar, que el Espíritu Santo se hallaba en el ADN, así, tal cual. Y barbaridades como estas son creídas todavía a pies juntillas, porque sí, porque muchas vidas necesitan de la religión para sostenerse.

    Me ha gustado mucho el artículo!!

    Un saludo.

    • Verdad es que la religión trata de adaptarse a los descubrimientos científicos que afectan a sus dogmas para no caer aún más en el descrédito, pero lo hace tan a regañadientes y de forma tan ridícula que empeora su situación a ojos de muchas personas, entre las que, por supuesto, me incluyo.
      Pero hay ocasiones en que la ciencia choca tanto con sus conceptos que las religiones directamente niegan la evidencia, más que nada porque contradice sus dogmas y no hay forma de que los adapten; y entonces es cuando quedan peor.
      Y lo de tu obispillo o curilla es para calzarle una sota a lo Soledad Huete.
      Por otra parte, no creo que nadie necesite realmente la religión. Por lo general, las personas son religiosas porque les han enseñado a serlo desde la niñez, cuando no son capaces de defenderse ni de poner en duda lo que se les inculca, lo que me resulta repulsivo.
      Si lo que se les proporcionase fuera una educación racional en vez de historietas delirantes y dogmas absurdos, sería mucho más difícil que la desesperación les empujase a arrodillarse en una iglesia.

    • Ciertamente, nadie debería necesitar de creencias o religiones, pero por eso mismo, por su educación, desesperación o vacío existencial (o a saber por qué), muchos se aferran a ellas, y no serían capaces de seguir adelante solos. Jamás lo entenderé, pero es así.
      La educación religiosa desde pequeños siempre ha estado ahí, muchos hemos crecido conviviendo con influencias católicas a diario (tengo 31 años y en el colegio (que era público, nada de curas) aún rezábamos cada mañana). Y uno en su inmadurez puede creerse ciertas cosas, pero es el desarrollo del raciocinio lo que debería llevar a dejar de abrazar esas doctrinas tan sumamente fantásticas.
      Como bien dices en el artículo, mejor pastar en campos más fértiles…

    • Nos inyectan en vena la religión desde pequeñitos porque es cuando arraiga mejor, cuando la alienación es más efectiva, de modo que luego, aunque uno acabe siendo fiel de boquilla, sea más improbable que finalmente salga del redil.

    • SR.Ramos:
      La Fe no necesita asideros, es la ciencia la que necesita demostrar sus verdades. Y ciertamente, muchas veces, lo hace. La Fe es otra cosa, se tiene o no se tiene, y esa disyuntiva -por sí sola- es un misterio. Un misterio incomprensible a los ojos de los no creyentes. A Dios lo han “matado” muchas veces, no solo Darwin, pero con balas de salva, pues sigue vivo y en plena recuperaciónen muchos lugares (Rusia, Albania, Cuba, etc.) , aunque eso, lo cuantitativo, no es lo verdaderamente importante.
      Efectivamente, muchas personas necesitan de la religión para vivir, para sostenerse en un mundo cruel e injusto.. ¿donde está el delito? El redil, como usted lo llama despectivamente, tiene las puertas abiertas: Entrar o salir es algo personal y se llama libre albedrío.

  • yo quizá no debería de estar comentado aquí. Pueda ser por el echo que a las religiones las abandone hace mucho tiempo. Pero en el arte halle un refugio. Mi necesidad, no fue de fe y esperanza ( o pueda que si) no se tu. Pero es que el las personas, si no están pretendiendo salvar a la humanidad (que es lo mas fácil) se están salvando a si mismos (lo mas difícil) eso de pastar en pastos fértiles siempre nos lleva a acerarnos a alguna especie de “Fe” como lo dice Adolfo Aristarain en su “Lugares comunes, 2002″.

    Desde luego no creo en los ateos, mas que nada, por que no están en nada.

    • Pienso que el arte puede ser un refugio, pero debe ser temporal, debe durar lo que se tarda en ver una película, en leer un libro y reflexionar sobre ellos o el tiempo que uno tarde en elaborar los propios; porque no hay que rehuir los problemas del mundo; hay que ocuparse de ellos.
      Por otra parte, en los ateos no “se cree”; ser ateo no implica “no estar en nada”: lo que implica es no estar en el lugar equivocado. Y hablar de “alguna especie de fe” refiriéndose al ateísmo y a la racionalidad, con franqueza, me parece salirse del tiesto porque es usar términos que no se pueden aplicar al caso. Es como describir el aborto como el asesinato de un niño, una simple falacia lingüística: los fetos no son niños ni los embriones, personas asesinables, como el ateísmo y la racionalidad no son fe.
      De Aristaráin prefiero ‘Martín (Hache)’ y lo de “follarse a las mentes”.

    • En lo referido al arte, Desde luego, no dura nada; solo sirve como un pequeño soplo para luego volver a los problemas reales en la vida, y el dia a dia: que es lo que verdaderamente nos concierne.

      Por mis demás falacias lingüística, mil perdones. Probablemente debo corregirme en muchos punto en lo ya comentado. Mis intenciones no es discutir nada, solo ganas de escribir un rato.

      Por otro lado, esa película de Aristaráin y esa frase que comentas, tambien me gustan bastante, bueno, creo que me gusta casi toda su obra.

    • No hay problema, Erick. Por mí, está claro que puedes comentar siempre que quieras. De hecho, te invito a hacerlo regularmente. Los debates serenos siempre son agradables.
      De Aristaráin he visto las ya mencionadas ‘Lugares comunes’ y ‘Martín (Hache)’, ‘Roma’ y, sí, vaya, ‘Traición y venganza’. Tengo en espera ‘La parte del león’, ‘Tiempo de revancha’ y ‘Un lugar en el mundo’. Y me llama la atención ‘Los últimos días de la víctima’.

  • El materialismo es peor dogma que cualquier religión. ¿Por qué uno debería sentirse maravillado ante el universo? Si no es más que un sistema de materia que interactua en una serie de relaciones causa-efecto que no van a ninguna parte. Habláis de liberar al creyente de sus dogmas, pero pienso que no se puede hablar de libre albedrío sin hablar de fe o espiritualidad.

    • El materialismo no es un dogma, Juan, porque sólo hay pruebas de la existencia de la materia, y basta darse una vuelta por los libros de historia, plagados de violencia religiosa, para saber que ser consciente de esto no es peor, ni tiene consecuencias más perversas, que creer sin pruebas en alguno de los miles de dioses que se ha inventado la humanidad.
      Por otra parte, que no haya teleología en el Universo no lo hace menos hermoso y fascinante: si lo que vemos y descubrimos nos maravilla tal como es, ¿a cuento de qué dejaría de pasar eso porque no tenga un objetivo divino?
      Y, por último, es obvio que existe la libertad sin fe porque los ateos somos libres sin ella y, dado que la religión monoteísta es totalitaria, es decir, o uno hace lo que le exige Dios o se va de cabeza al Infierno sí o sí porque el dictador divino es todopoderoso y nadie escapa a su voluntad, ¿qué clase de libertad es esa?
      A fin de cuentas, esto se reduce a que creer en algo sin que a uno le demuestren su veracidad (o sea, para saberlo y no limitarse a creerlo) no es honesto intelectualmente. Y uno, con su libre albedrío, escoge serlo o aceptar lo que le cuenten sin filtro. Y, por mi parte, tengo claro lo que prefiero.

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