Lo que significa el final de ‘Once Upon a Time… in Hollywood’

once upon a time... in hollywood final
Sony
Esta es la explicación del sorprendente final de 'Once Upon a Time... in Hollywood', la esperada película de Quentin Tarantino.

Cuando saltó la liebre de que Quentin Tarantino estaba preparando una película sobre uno de los crímenes de Charles Manson y sus seguidores, hubo cierto regocijo entre los suyos simplemente por la novedad que se avecinaba para su disfrute y, por mi parte, el temor fundado acerca del modo en que un cineasta al que se le suele ir la mano con las explosiones de violencia abordaría los homicidios que se produjeron en el número 10050 de Cielo Drive, en la localidad californiana de Beverly Hills, el 9 de agosto de 1969.

Los jóvenes Charles “Tex” Watson, Susan “Sexy Sadie” Atkins y Patricia “Katie” Krenwinkel accedieron de madrugada a la propiedad del director Roman Polanski (‘El pianista’), que entonces se encontraba en Londres por su siguiente filme, mientras Linda Kasabian aguardaba en el coche. Estos cuatro individuos pertenecían a la secta del delirante Manson y aquella noche horrible, por orden suya, tirotearon al adolescente Steve Parent en el camino de acceso a la lujosa vivienda, apuñalaron al actor y pretendido guionista Wojciech Frykowski (‘Mamíferos’) y a la potentada Abigail Folger en el jardín frontal, dispararon contra el estilista Jay Sebring y acuchillaron también a la actriz Sharon Tate (‘Dance of the Vampires’), embarazada de ocho meses y medio, en el salón. Y el único que pudo sobrevivir fue William Garretson, el conserje, al que visitaba Parent y que no se enteró de absolutamente nada desde la invisible casa de invitados, en la que residía.

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Pero Tarantino toma la senda de en medio y se pasa los temores sobre su aproximación a la masacre en ‘Once Upon a Time… in Hollywood’ por el Arco del Triunfo: ha decidido colocar a sus ficticios protagonistas, el actor Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y su asistente Cliff Booth (Brad Pitt), y a la esposa italiana del primero, Francesca Capucci (Lorenza Izzo), en la casa contigua a la de Polanski (Rafal Zawierucha) y Tate (Margot Robbie) y hacer que Watson (Austin Butler), Atkins (Mikey Madison) y Krenwinkel (Madisen Beaty) los visitasen en primer lugar; y Dalton y, sobre todo, Booth y su obediente ‘pitbull’ Brandy acaban con ellos en ese estallido de violencia conclusiva al que el director nos tiene acostumbrados.

Un estallido que no por esperable resulta una osadía menor, pues cumple con las expectativas a la vez que sorprende por eludir el problema de un ensañamiento como los que a él le gustan sin que sea repulsivo debido a las víctimas, encauzándolo con una mejor conveniencia. Así, ni la actriz ni sus amigos son asesinados esa noche, un giro argumental que trastoca lo que realmente sucedió allí en el verano de 1969, semejante al que el cineasta sureño nos descerrajó en el clímax de ‘Inglorious Basterds’ (2009) con la bestia negra del siglo pasado. Es decir, utiliza de nuevo el recurso de la historia contrafactual, un ejercicio en el que se especula lo que hubiese pasado si los acontecimientos reales hubieran sido diferentes: una segunda oportunidad para la pobre Sharon Tate.

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