El ridículo caso de la mangosta parlante

mangosta parlante gef
En la historia de la charlatanería, los animales fantásticos de la criptozoología destacan, pero ninguno tan ridículamente como la mangosta parlante Gef.

La credulidad del ser humano no conoce límites. Hasta el punto de que, si uno trata de mantener cierta entereza intelectual, enseguida puede sentirse como un abstemio en una orgía de borrachos. O como el pitufo gruñón de toda fiesta, el que siempre chafa el matasuegras y se resiste a contagiarse del entusiasmo general. Para ponerlo en evidencia, podría recurrir a toda clase de cultos carpetovetónicos como la Virgen de la Bola, religiones psicotrónicas como las que florecen en el delta del Mekong, medicinas de mentira (homeopatía, flores de Bach) o espiritismo, ese naïf sistema de comunicación ultraterrenal que funciona a modo de contestador automático: “¿Está Gengis Khan? Que se ponga”. Sin embargo, hay un caso que mezcla todo lo anterior y, convenientemente agitado en la coctelera, da como resultado un combinado capaz de dejarte el hígado patedefuá: Gef, la mangosta parlante.

Gef nació en la aislada Isla de Man de la mano de James Irving, un vendedor de pianos de Liverpool que había decidido ido a vivir allí, en pleno entorno rural, sin electricidad ni agua corriente. Pero algo pasó con el bueno de James el 12 de octubre de 1931: al parecer oyó un runrún animal que procedía de detrás de unos paneles de madera que recubrían las paredes de su casa. Casi sin pretenderlo, James, su esposa Margaret y su hija Voirrey (que en gaélico significa “amargo”) empezaron a comunicarse con el misterioso animal. Con palabras, sí…, lo normal. Entonces el animal decidió que ya era hora de salir de su escondite, y se presentó ante la familia: era una mangosta parlante monda y lironda que respondía al nombre de Gef. La mangosta aseguraba haber nacido en 1852 y ser “superinteligente” y “la octava maravilla del mundo”. Hasta aquí es todo divertidísimo, ja-ja-ja. Pero la risa puede congelarse en la boca si el divertimento empieza a pisar jardines prohibidos. Las leyes, la moral, el fraude. Esa clase de jardines.

… Henry Price acabó describiendo su investigación en el libro, de 1936, «El encantamiento de Cashen’s Gap: la investigación de un ‘milagro’ moderno». Las pruebas aportadas sobre la existencia de Gef eran cero patatero.

La noticia de la existencia de Gef corrió como la pólvora y atrajo a curiosos y periodistas magufos. Bueno, también atrajo la atención de un tal Henry Price, que si bien no fue crítico del todo con el caso, no mostró ningún entusiasmo por Gef. Y es que, casualmente, a Gef no se le vio el pelo cuando Price llegó a la isla enarbolando su lupa holmesiana. Finalmente, Price acabó describiendo su investigación en el libro, de 1936, ‘El encantamiento de Cashen’s Gap: la investigación de un «milagro» moderno’. Las pruebas aportadas sobre la existencia de Gef eran cero patatero. Con todo, James Irving insistía en presentar a Gef como un personaje real, e incluso cuenta en su diario que regañó en una ocasión a Gef por haber tardado demasiado en calcular cuántos peniques había en diecisiete libras con seis peniques. La respuesta de Gef, al parecer, fue perturbadora: “No me funcionaba el rectófono”.

La gente no suele hacer mucho caso de las investigaciones de los escépticos, pero en el asunto de Gef, la cosa se puso realmente fea cuanto se implicó nada menos que el Tribunal Supremo británico. Al parecer, Richard Lambert, coautor junto a Price del libro sobre el fraude de la mangosta parlante y miembro del Instituto Británico de Cine, demandó por difamación a un miembro del Consejo del Condado de Londres y al director adjunto de programación de la BBC. Según Lambert, pretendían expulsarle del Instituto Británico de Cine porque presuntamente creyó en la existencia en la mangosta parlante, algo incierto si se leía con atención ‘El encantamiento de Cashen’s Gap’. Así que, el 4 de noviembre de 1936, el Tribunal Supremo convocó un jurado al que le fue entregado un ejemplar del libro de marras. Lambert ganó el caso y se le indemnizó en concepto de daños y prejuicios. Al término del juicio, Lambert acabó firmando ejemplares de su libro a los miembros del jurado.

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James y Voirrey Irving en su casa de la Isla de Man (1936)

Afortunadamente, la leyenda de Gef se fue apagando con el transcurrir de los años, pero la hija de su descubridor, Voirrey, aseguró en una entrevista concedida en 1970 que Gef había existido de verdad, erre que erre. Actualmente, Gef cuenta con su propia página de Facebook. Y, según cuenta Richard Wiseman en su libro ‘¿Esto es paranormal?’ (2011), en una página de internet dedicada a temas paranormales se sugería no hace mucho la siguiente hipótesis acerca de la existencia de Gef: que pudiera ser “una entidad sobrenatural procedente de otra dimensión o una entidad compuesta por fuerzas que no acabamos de entender”. La navaja de Occam al poder. Pero de algo sí que estoy seguro: que Gef, la mangosta parlante, podría aparecer a sus anchas en la próxima entrega de ‘Hombres de Negro’. Al menos nos echaríamos una risas.

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