Cuando la ley educativa prima el adoctrinamiento religioso frente a la reflexión racional

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Manifestación contra la LOMCE (2013) - Manuela Ruiz
Las sucesivas leyes de Educación en España han favorecido la enseñanza de Religión Católica mientras le han dado hachazos a Filosofía.

Esto, queridos lectores, probablemente no será un artículo de análisis y opinión sobre educación y política. Más bien temo que será un lamento, un grito de hartazón e impotencia. Una queja airada por el trato penoso que merece la enseñanza en este país de triste historia. El último capítulo hasta el momento lo suscribió el ministro José Ignacio Wert, aunque, con los acontecimientos de estos años, ya se podrán llenar páginas en los libros de historia, si es que se siguen escribiendo en el futuro y si queda alguien capaz de leerlos con criterio. Tristemente, la enseñanza en España es un escalón que hay que pisar fuerte para medrar en política. Rajoy y Rubalcaba lo supieron muy bien. Ambos fueron ministros del ramo.

Si me permiten, empezaré con un dato autobiográfico: comencé a trabajar en la enseñanza en el año 1988. En aquellos tiempos, uno era joven, tenía todo su pelo y osaba pensar que aquello no era más que el comienzo de una historia que, seguro, iría imparablemente hacia adelante. No es de extrañar que el principio se viviera con una cierta euforia. Había cursado estudios de Filosofía y eso no era precisamente garantía de éxito. Primero, porque en España nunca lo ha sido. Segundo, porque se padecían altos índices de paro y todo el mundo se echaba las manos a la cabeza ante estudios con tan pocas salidas, en el peor sentido de la expresión.

… la malparida LOGSE. Una ley alejada de la realidad, llena de estupideces, creadora de un criptolenguaje patético y aplaudida por un porcentaje importante de la población de las salas de profesores.

En aquellos años dirigía el Ministerio un tal Maravall, que en los días de Wert apareció osadamente en algún medio de prensa afín. Se pergeñaba una reforma progresista, audaz, destinada a dar un giro de ciento ochenta grados a la enseñanza española. El resultado de varios años de mareo, de un libro blanco, de mucho experimento fue la malparida LOGSE. Una ley alejada de la realidad, llena de estupideces, creadora de un criptolenguaje patético y aplaudida por un porcentaje importante de la población de las salas de profesores. En esa ley, la enseñanza de la Filosofía sufría un varapalo importante, manteniéndose, sin embargo, la enseñanza de la Religión y añadiéndose una serie de ventajas que habrían de contentar al gremio: disminución drástica del número de alumnos en clase y aumento salarial. Allí se estableció el muy progresista sistema de conciertos educativos en secundaria.

Desde entonces hasta aquí, todo ha dado muchas vueltas, aunque nada se ha modificado esencialmente. La enseñanza sigue lastrada por los errores logsianos tras gobiernos diversos, cada uno de los cuales ha puesto su guinda en el sistema educativo. En cada ocasión, sea quien sea el que gobierne, la Filosofía es cercenada mientras permanece incólume la enseñanza confesional de la religión católica. Es más, en esta última reforma se sitúa al adoctrinamiento religioso claramente por encima de la reflexión racional sobre la realidad.

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Fred Romero

Sólo siendo ministra Esperanza Aguirre, durante el primer mandato de Aznar, se llevó a cabo un minirreforma a raíz del informe encargado —creo recordar— a Ortega, que fue ministro de Unión de Centro Democrático, y que se conoció como “Decreto de humanidades” y que permitió a la Filosofía vivir un momento de alivio. Este decreto, aprobado en 1998, fue consensuado por el Partido Popular y el Partido Socialista, momento único que jamás se repitió en la atribulada evolución del sistema educativo en España. Pero ese consenso fue roto unilateralmente por el PSOE con la LOE de 2006. De nuevo, la Filosofía era puesta en la picota con el fin de sustituirla por una vaga materia de “educación en valores”, conocida como Educación para la Ciudadanía (EpC).

Ahí se centró la polémica de una ley que machacaba a la Filosofía, mantenía la Religión Católica y propiciaba los conciertos de los grupos de bachillerato. Un prodigio, en suma, de modernidad y progresismo. Los profesores de Filosofía nos manifestamos en aquella ocasión. Fuimos tildados de reaccionarios mientras nuestra causa se defendía desde medios como ‘La Razón’ o la cadena COPE. El PP la asumía como propia y prometió defender la Filosofía en el sistema mientras se embarcaba en su particular cruzada contra la EpC, que llevaba al paroxismo delirante un Conseller de Valencia de quien no quiero acordarme.

La enseñanza sigue lastrada por los errores logsianos tras gobiernos diversos, cada uno de los cuales ha puesto su guinda en el sistema educativo. En cada ocasión, sea quien sea el que gobierne, la Filosofía es cercenada mientras permanece incólume la enseñanza confesional de la religión católica.

Y llegaron al poder. Y nombraron a Wert. ¿Y qué materia, entre otras, salió perjudicada en la LOMCE, su proyecto de reforma educativa? ¡Premio! De nuevo, la Filosofía. Pero, en fin, otra mentira más no se iba a notar; otra promesa falsa entre tantas y que afecta a un gremio tan pequeño es como una gota en un mar de iniquidad. Y otra pregunta difícil: ¿qué materia se veía reforzada, apareciendo incluso en segundo de bachillerato? ¡Otra vez acertaron! La Religión Católica. Pero otro día intentaré el análisis detallado del asunto, agotador porque lo es llevar toda una vida lidiando con las mismas lumbreras. Hoy sólo quiero agradecerles su paciencia con este desahogo personal. Espero verles por alguna manifestación.

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