Las apariciones de la Virgen son buenas para la economía… de algunos

la vidente de el escorial
Rubén Ojeda
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid dictaminó el derribo de la capilla de la vidente de El Escorial en la finca de Prado Nuevo. Repasemos los detalles de su tinglado religioso.

“Soy la Virgen María, Madre del Redentor del Mundo (…). Es mi voluntad que me edifiquen en este lugar un templo y casa de oración donde mis devotos me ofrezcan sus votos y dones, y que este lugar sea tenido por santo, en el cual obrará Dios milagros y hará muchas misericordias”. Este podría ser uno de los mensajes que Luz Amparo Cuevas, la “vidente” de El Escorial, decía recibir cuando se le aparecía la Virgen. De hecho, entre las advertencias apocalípticas y las reprimendas por no rezar lo suficiente, Luz Amparo también transmitía a sus fieles muy a menudo una petición similar, diciendo con voz impostada aquello de: “Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi nombre. Que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la Pasión de mi Hijo, que está completamente olvidada. Si hacen lo que yo digo, habrá curaciones”.

Pero no, el primer mensaje no lo recibió Luz Amparo Cuevas, sino un tal Francisco Álvarez, un humilde pastor de Peñascosa (Albacete), allá por 1222. El templo acabó edificándose y aún sigue en pie; es el Santuario de Cortes. Y, cuando Luz Amparo murió, en agosto de 2012, se escribó mucho acerca de ella, desde reseñas más bien críticas hasta auténticas hagiografías. Y, curiosamente, parecían abundar más las primeras que las segundas; al fin y al cabo, las apariciones de El Escorial no han obtenido aún reconocimiento oficial por parte de la Iglesia (y, aunque se resiste, todo se andará, no se preocupen), así que incluso medios de honda raigambre católica se sienten obligados a guardar una cierta distancia. Pero todos, en general, coinciden en colocar a la vidente como eje del poderoso tinglado económico que se ha ido montando a cuenta de las apariciones. Y todos se equivocan.

… la clave de todo el gran negocio que se ha montado (y se seguirá montando, ya lo verán) en torno a las apariciones de El Escorial no está en la pobre Luz Amparo, sino en los personajes de su entorno, esos que desde hace unos años viven en lujosos chalés y se desplazan en cochazos de importación mientras gestionan el enorme patrimonio que han ido obteniendo.

Luz Amparo era prácticamente analfabeta. Y seguro que al leer esto no se ofenderán ni siquiera los más ingenuos creyentes en sus apariciones, sus estigmas y sus milagros: de todos modos, ellos mismos son los primeros en destacar su origen humilde y su falta de formación, como una especie de “prueba” de que le faltaban las luces suficientes para montar lo que, se pongan como se pongan, no es más que un timo a gran escala. Si la pobre era analfabeta, dicen, ¿cómo iba a ser capaz de tramar un engaño así?

Y no solo era analfabeta; aunque no guste tanto a sus seguidores, la pobre mujer no andaba muy bien de la cabeza. Que se lo pregunten si no a Francisco Alonso-Fernández, el psiquiatra que estudió el caso en 1982 por encargo del Arzobispado de Madrid, llegando a la conclusión de que el suyo era más un caso de estudio de la psiquiatría que de la teología. No, en realidad la clave de todo el gran negocio que se ha montado (y se seguirá montando, ya lo verán) en torno a las apariciones de El Escorial no está en la pobre Luz Amparo, sino en los personajes de su entorno, esos que desde hace unos años viven en lujosos chalés y se desplazan en cochazos de importación mientras gestionan el enorme patrimonio que han ido obteniendo. Patrimonio que, por cierto, se encuentra a nombre de fundaciones supuestamente benéficas, así que ni siquiera nos queda el consuelo de pensar que ya caerán igual que cayó en su día Al Capone: no pagan impuestos.

… el enorme patrimonio que han ido obteniendo. Patrimonio que, por cierto, se encuentra a nombre de fundaciones supuestamente benéficas, así que ni siquiera nos queda el consuelo de pensar que ya caerán igual que cayó en su día Al Capone: no pagan impuestos.

Luz Amparo, cuya capilla será derribada por haber sido construida en terreno protegido, era probablemente inocente de casi todo esto. De hecho, es muy probable que se creyese de verdad los mensajes de tercera mano que decía recibir durante sus visiones, y hasta la autenticidad de aquellos estigmas de salsa de tomate que tanto emocionaban a sus seguidores hasta que la insistencia de la comisión del Arzobispado para observarlos directamente y no a través de fotografías provocó que dejaran de producirse. Al fin y a la postre, eso de las apariciones de la Virgen y los mensajes para que le construyan un templo en el que obraría milagros es algo que vivió desde pequeña. Desde que nació, hace casi noventa años, en la pequeña aldea de Pesebre, al lado de Peñascosa y a la sombra de ese Santuario de Cortes al que acudía todos los años en romería para escuchar una vez más la historia de cómo se apareció la Virgen al pastor Francisco Álvarez.

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