‘Joker’ debería ser el inicio de un nuevo universo cinematográfico de DC

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Warner Bros.
'Joker' (2019) ha hecho saltar la banca en la dignidad de Todd Phillips como director y del cine basado en cómics de superhéroes, y debería ser el comienzo de una saga.

No podía resultar más inesperado que un cineasta como el neoyorkino Todd Phillips, por el que nadie en su sano juicio hubiera apostado un céntimo en lo que respecta a la primera línea cinematográfica, nos haya arrojado un filme tan furiosamente singular y opuesto a sus costumbres como ‘Joker’ este 2019. Si bien su carrera comenzó con tres largometrajes documentales, ‘Hated: GG Allin and the Murder Junkies’ (1994), ‘Frat House’ (1998) —codirigido con Andrew Gurland (‘Married’)— y ‘Bittersweet Motel’ (2000), se le conoce en especial por una ristra de comedias gamberras que se sufre tanto como una extracción de las cuatro cordales sin anestesia local o, sencillamente y a lo sumo, se toleran con algunas dificultades según el caso.

Ese género había sido su especialidad y su posible tumba, desde propuestas tan descerebradas como ‘Road Trip’ (2000) y ‘Old School’ (2003), pasando por el aparatoso desastre de ‘Starsky y Hutch’ (2004) y el nulo ingenio de ‘School for Scoundrels’ (2006) —‘remake’ homónimo de la obra realizada por Robert Hamer (‘Kind Hearts and Coronets’) en 1960— y ‘Due Date’ (2010), hasta su exitosa y pasable trilogía de ‘The Hangover’ (2009-2013). Pero muchos, al sorprenderse con razón por su autoría en ‘Joker’, pasan por alto que Phillips ya había querido desmarcarse de su lastimosa trayectoria previa y entregarnos algo de provecho con ‘War Dogs’ (2016) y su ligereza criminal basada en hechos reales. Y ahora, la terrible metamorfosis de Arthur Fleck debería hacer escuela.

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Si a DC no le ha ido tan a pedir de boca como a la imbatible Marvel en su universo cinematográfico —excepto por ‘Wonder Woman’ (Patty Jenkins, 2017)—, tal vez debería arriesgar un poquito y plantearse ofrecernos una saga con el tono de ‘Joker’, así de seria, adulta y realista; lo cual, por otro lado, podría diferenciarla para bien de su competencia directa. El UCM es muy digno pero solamente lúdico, una fábrica de taquillazos por su estupendo entretenimiento y con una realización competente, unos cuantos pasos por delante de lo funcional, no estilizada por cierto sentido de la coherencia y el espectáculo cohesionado; y lo que nos brinda la nueva película de Phillips rehuye esa opción y apunta al blanco de la profundidad dramática y de la trascendencia en el séptimo arte.

Ese es el motivo de que ‘The Dark Knight’ (Christopher Nolan, 2008) le pase la mano por la cara a un filme tan satisfactorio como ‘Avengers: Endgame’ (Hermanos Russo, 2019): es otra cosa, un planteamiento distinto con diferentes intenciones; y ‘Joker’ se nos revela incluso más como otra cosa porque escapa por completo de las proposiciones comerciales y de las aventuras superheroicas para caer en el territorio del cine de autor que bebe de obras tales como ‘Network’ (Sidney Lumet, 1976), ‘Taxi Driver’ sobre todo o ‘El rey de la comedia’ (Martin Scorsese, 1972, 1986). De hecho, ni siquiera se trata de una película de superhéroes, sino de una historia de origen para el villano más superlativo de Gotham con él como protagonista absoluto.

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Si un analista compara superficialmente los filmes anteriores de Phillips con ‘Joker’, bien podría decir que este último no parece realizado por él: la idoneidad de sus rasgos estilísticos, que nos descubren un talento verdadero hasta ahora oculto, y su hondura se encuentran a años luz de distancia. Pero, si decidiese fijarse un poco más, se percataría por ejemplo de que el modo específico en que el director suele utilizar la cámara lenta está presente, de que el juego de las luces parpadeantes que causa inquietud ya lo usó en ‘The Hangover, part 3’ y, muy en especial, de que hay una escena en principio espeluznante con Randall (Glenn Fleshler) y Gary (Leigh Gill) cuya hilaridad final no desentonaría ni lo más mínimo en alguna de sus comedias gamberras.

Por otra parte, el patetismo exacerbado de Fleck se podría reflejar en el del Dicky Eklund (Christian Bale) de ‘The Fighter’ (David O. Russell, 2010), cuyo guión escribió Scott Silver (‘8 millas’) con Paul Tamasy y Eric Johnson nueve años antes que el de ‘Joker’ con el propio Phillips, y en el del Roger Waddel (Jon Hedder) de ‘School for Scoundrels’, cuyas peripecias tienen varios elementos en común con las de Fleck pero en la cara cómica de la moneda. Y ni el lúcido texto ni la planificación audiovisual destacada y multirreferencial servirían de mucho sin la formidable creación de Joaquin Phoenix (‘Signs’), un Joker que nunca habíamos visto precisamente por lo patético, cuyo carisma corresponde sólo al personaje como tal y no al individuo desquiciado que representa.

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A falta de posibles comparaciones con el trabajo notable de otros intérpretes para la temporada de premios, el estudio de Phoenix para componer en tantos detalles particulares al archienemigo de Batman no debería rivalizar con el de ningún colega de tan inalcanzable que resulta; y así ensombrece también la labor de los que le acompañan, desde el reputado Robert de Niro (‘Goodfellas’) o Zazie Beetz (‘Deadpool 2’) como Murray Franklin y Sophie Dumond hasta la impagable Frances Conroy (‘Six Feet Under’) en la piel de Penny Fleck, los tres al servicio del monumental Phoenix, igual que la adecuada banda sonora atmosférica de Hildur Guðnadóttir (‘Chernobyl’) y la sucia y deprimente fotografía de Lawrence Sher (‘Godzilla: King of the Monsters’), habitual de Phillips.

Este descenso a los infiernos góticos y el ascenso posterior de Fleck como peligroso símbolo, que no esconde ninguna apología de la violencia porque ‘Joker’ no es una obra de tesis por mucho que los adoquines paranoicos de guardia se empecinen en ello, logra la dignidad más determinante y definitiva para el cine salido de los cómics de superhéroes al abrazar la mayor enjundia artística y, aun así, se la ha encumbrado en exceso pues no llega a la hipnosis ni al torrente de escalofríos que sería de esperar. Pero tanto por las virtudes de su potente apuesta fílmica como su rotunda filiación con el universo de DC, gracias a ingredientes que van más allá de la génesis del mismo payaso homicida sin que fueran imprescindibles, ‘Joker’ debería ser el inicio de un nuevo universo cinematográfico.

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