‘Holy Motors’ y el problema de las pajas mentales

holly motors
Wild Bunch
¿Os parece que 'Holy Motors' es una gran película? Pues tal vez no se trate más que de un confuso ejercicio de onanismo mental.

Aún faltan unos meses para el final de 2019 pero, cuando se va acercando el de cada año, es inevitable no ir leyendo sobre los posibles mejores filmes estrenados a lo largo del mismo en las pantallas españolas. Reconozco que más de una vez he hecho este tipo de listados y no me atrevería a negarlo, pero tampoco me extrañaría que lo volviera a hacer. No obstante, fuera como fuese, la verdad es que a estos listados sólo les he sabido encontrar una utilidad: echarles un ojo para volver a asegurar, año tras año, que a las salas españolas únicamente llegan, dentro de lo que se suele considerar como el mejor cine de la temporada, un reducidísimo número de películas que, por alguna razón, han llamado la atención en algún festival. Del resto, creo que sólo es un hinchaegos que, salvo en contadas ocasiones, solamente sirve para que determinados críticos puedan alardear de un autosentido de la clarividencia (‘again!’, cómo si con el resto del año no hubiera sido suficiente), fanfarronear de su particular visión del cine e incluso, en el peor de los casos, adoptar ciertos aires mesiánicos intentando alumbrar al resto.

Todo esto lo comento porque, tras el estreno de ‘Holy Motors’ (Léos Carax, 2012), aunque todavía faltaba poco más de mes y medio para que terminara su año, la maquinaria de “lo mejor del 2012” ya había empezado a marchar y parece ser que el último filme del director de ‘Los amantes del Pount-Neuf’ (1991) tenía todas las papeletas para ser, sino el mejor, uno de los mejores. De hecho, resultó impresionante ver cómo el día de su estreno, por lo visto, se convirtió en ‘trending topic’ y no pocos, seguramente antes de verla, ya la consideraban la mejor película del año. Lo interesante de este fenómeno es observar, con total evidencia, cómo resultó una tendencia en toda regla, reafirmando la idea de que, muchas veces, las redes sociales pueden sacar lo peor de nosotros, anulando nuestra propia opinión y haciendo que nos dejemos llevar por una simple corriente, sin más intención que la de lograr algo de notoriedad.

… lo cierto es que pocas dudas ofrece sobre su intención final: un monumento faraónico que Léos Carax se construyó para alimentar e iluminar su propio ego.

Resumiendo toda esta retahíla de ideas, lo que quería destacar, no sé si con demasiado acierto, ha sido la curiosidad de todo ese juego de hinchaegos con el que se encontró ‘Holy Motors’ a través de listados de “lo mejor del 2012” o de tendencias en Twitter. Y cabe reafirmar lo de la curiosidad porque, independientemente de cuál sea el sentido de este filme, lo cierto es que pocas dudas ofrece sobre su intención final: un monumento faraónico que Léos Carax se construyó para alimentar e iluminar su propio ego. Y precisamente este punto se puede demostrar en aquello que encumbró al filme: su carácter fragmentado, confuso, experimental y marcadamente abstracto, en el sentido de la dificultad de acceder a esta película a partir de una narrativa convencional.

Para entendernos, ‘Holy Motors’ se supone que narra un día en la vida de un hombre de mediana edad que durante esa jornada se irá mutando en diferentes personajes, interpretando diversos papeles. Estas mutaciones guardan unas evidentes similitudes con lo que podemos denominar, para entendernos, la narrativa cinematográfica, observando en cada una de estas pequeñas historias un guiño a una manera concreta y diferente de hacer cine. Pero también, por otro lado, repetidamente se va observando el carácter de engaño, simulacro o ilusión del propio cine.

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Wild Bunch

Incluso si se quiere rizar el rizo, este planteamiento puede adoptar una lectura mucho más política y social, observándose en esta propuesta un fresco acerca de la sociedad en la que estamos viviendo, caracterizada por el cambio constante y el simulacro permanente. De cualquier manera, lo que sí que da la impresión de resultar evidente es el marcado carácter metacinematográfico que termina adoptado ‘Holy Motors’, revelándose en última instancia como una de esas películas que hablan sobre cine, pretendiendo teorizar sobre este, sobre sus estructuras narrativas y hasta sobre su ontología.

Perfecto, todo esto parece genial y, hasta cierto punto, dota al filme de una atracción indiscutible. Pero también es cierto que esta película se nos presenta con total descaro como la obra que ha hecho un director que sabe que tiene la libertad para hacer lo que le gusta y de la manera que prefiera, lo que le lleva a adoptar por momentos algunas soluciones absurdas, creyéndose que son pura genialidad. Por ejemplo, dio mucho que hablar que el protagonista mantenga una relación de pareja con un mono o que los coches hablen…, pero bueno, la verdad es que esto tampoco tienen porque desmerecer estos puntos: en ‘Cars’ (John Lasseter, 2006) los coches ya hablaban y en ‘El planeta de los simios’ (Franklin J. Schaffner, 1968) se plantearon relaciones entre seres humanos y simios, y ambas son buenas películas.

… termina siendo un juego que tanto gustan de descifrar determinadas personas, precisamente para después poder decir al resto lo inteligentes que son y el gusto tan fino y elitista que tienen.

Dejando de lado la ironía, lo innegable es que Léos Carax, como ya se ha comentado, hace de ‘Holy Motors’ un canto a la libertad creativa por encima de todo, pero esta libertad termina mutándose en la libertad creativa del propio director francés y, traspasada esta línea, se cae en una espiral de recreación del propio ego del director que gusta de mostrarse ante el resto como un genio por sus excentricidades. Además de los excesos absurdos que hemos planteado, Léos Carax juega perfectamente a esta baza rompiendo con evidencia las claves narrativas convencionales y mostrando un incontestable tono de abstracción.

Este planteamiento se convierte en una especie de puzle abstracto que, ya en manos de los espectadores, reincide en la recreación de los altares al ego porque, esta vez, ‘Holy Motors’, desde la perspectiva del espectador, termina siendo un juego que tanto gustan de descifrar determinadas personas, precisamente para después poder decir al resto lo inteligentes que son y el gusto tan fino y elitista que tienen. No se puede negar, después de todo, que este juego de hinchado de egos crea una polémica que no está nada mal en los tiempos que corren y que siempre será de agradecer, pero también está claro que hacen de ‘Holy Motors’ un ejercicio de puro onanismo mental, y el problema de las pajas mentales es que, si al final abusas mucho de ellas, puedes terminar manchado de semen. Pero bueno, siempre habrá a quien le guste el sado y los ‘bukakes’.

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2 comentarios

  • Yo vi el trailer y me echó para atrás de forma considerable. Por lo demás, más allá del artículo, no puedo estar más de acuerdo con el primer comentario. Los mismos “modernos” que aplauden con extraña unanimidad esta película rechazaron con crudeza “Cosmópolis”, que por fin pude ver y me parece extraordinaria. ¡No vean Holy Motors! xD

  • Hola Gaspar, gracias por el articulo, muy ilustrativo, en cuanto al tema de las pajas mentales.
    La pelicula me parece un juego metaforico sobre la vida falsa y sin retorno, y es por eso que pienso que ha recibido el apoyo total de la prensa “especialda”, de ahi que un tema diferente o extraño tenga un cierto interes, pero veo que el publico lo tiene como una tomadura de pelo, un film indententible, pero son opiniones, yo creo que se exedio en el metraje y en el material, llevandolo de un lugar a otro, no se tengo que verlo completo para formar una opinion.
    No es la primera vez que aparecen filmes en cierta apariencias pretenciosos, el ejemplo más evidente que se me viene es Inception (Christopher Nolan 2010), y aqui si hubo opiniones divergentes, otros apoyando al film, determinando que aporta al cine comercial, un aire menos consumible y a la vez masivo, mientras otros, abucheaban al film, por ser un material pretencioso más, que no aporta nada, queriendo descaradamente tocar temas que solo grandes directores podian tocar. Y a mi me parecio un gran film de entretenimiento con un gran ritmo, con alguno errores de espacio, pero igual disfrutable.
    Lo mismo pasa con varios films como Mr. Nobody, este si un film demasiadio pretensioso, tratando de presentar temas que se perdian por el camino, pero su belleza visual, y su habil narracion hacen de el una pelicula más que disfrutable.
    Podria nombrar, peliculas como INLAND EMPIRE (David Lich), donde desata su locura en una pelicula rara y sofocante, lo mismo con Doce Monos (Terry Gilliam), otro director que auna los defectos del ser humano atravez de la locura y la onirico. Y muchas otras pretenciosas, que devido a los temas que quieren tomar se empatanan en si mismas y otras que salen triunfante del intento, pero asi es el cine, no toda locura es buena.
    Saludos Gaspar, me explaye más de lo posible, como siempre excelente articulo.

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