Los futbolistas no son héroes de verdad

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David Yerga
No, ni los futbolistas estelares son héroes ni meter goles en un campo de fútbol es ninguna heroicidad. Porque los verdaderos héroes son otros.

Cada vez que España se mete en una orgía de balón y césped con la que adormecer nuestras conciencias, me vienen a la cabeza las contradicciones y absurdidades de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Si le preguntamos a un ciudadano cualquiera sobre cuáles son sus héroes, sus ídolos, aquellos con los que se iría de cañas, pagando él, con mucha probabilidad nos daría el nombre de muchos de esos deportistas de pantalón corto, pelo engominado y tatuajes al flanco. No tengo nada contra ellos. Más aún, les estoy reconocido por su tesón y entrega. Y, sobre todo, por hacer olvidar al resto de mis conciudadanos la sordidez que les hacen padecer nuestros dirigentes. Pero de ahí a considerarlos unos modelos hay un abismo. Basta con escuchar hablar a algunos, a veces de manera ramplona, verlos rodeados de un oropel indigno, saber que no devuelven al fisco ni una mínima parte de los inmorales sueldos que cobran o que, peor aún, unos pocos están censados fuera para no pagar los impuestos en el país que los endiosa.

No, esos no son mis héroes. No es en ellos en quien se debe mirar nuestra ciudadanía. No son ellos a quienes deben imitar nuestros niños y jóvenes. Ni a los fuleros y ganapanes que se asoman a las revistas y programas del corazón o a los reality shows. No. Los héroes, los de verdad, los que hacen que vivamos en una sociedad más digna, son otros: aquellos miembros de brigadas, pilotos de helicóptero o militares de la UME que mueren calcinados —o no— mientras intentan sofocar incendios forestales en Guadalajara, Valencia o la Sierra de Gata; los que, mientras el resto de españoles berreamos con La Roja, arriesgan su pellejo para aplacar los fuegos; o los policías que, en ocasiones, perecen ahogados cuando se arrojan al océano para intentar salvar a algún joven ebrio caído al agua.

… buscad héroes en el médico que os opera y os proporciona unos años más de vida, en el enfermero que tranquiliza a vuestros familiares y os da una caricia cuando las fuerzas parecen abandonaros…

Si le prestas atención de vez en cuando a tu conciencia, recapitularás y te darás cuenta de que a diario te cruzas con personas que se merecen más ser tus héroes que aquellos ídolos del deporte: los barrenderos que dejan presentables las plazas y jardines que tus hijos convirtieron en estercolero tras su botellón, las maestras que te enseñaron a pensar y a ser persona, los profesores que te abrieron caminos en tu vida, la comadrona que te dio la mano en el parto de tu hijo; el guardia civil, abrazado a su niña, tras haber tenido que acudir en su turno al levantamiento de los cadáveres de aquella familia; el celador que le cambia los pañales al abuelo y lo peina para dejarlo guapo de cara a la visita de sus nietos, el boliviano que se lleva al parque a la abuela para que podáis descansar y escucha sus historias, que tanto os cargan.

No: buscad héroes en el médico que os opera y os proporciona unos años más de vida, en el enfermero que tranquiliza a vuestros familiares y os da una caricia cuando las fuerzas parecen abandonaros, en los maestros que se vuelcan en la formación de vuestros niños, en las profesoras que se llevan de viaje a vuestros adolescentes e intentan hacerlos personas de provecho, en el sacerdote o el sanitario que os va a asistir y a llenar de paz cuando tengáis la certeza del final. Esos a los que muchas veces os habéis permitido el lujo de menospreciar, de criticar o incluso de insultar, esos son los que tendréis siempre a vuestro lado.

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Chema Concellón

Y muchos de ellos, queráis o no, son funcionarios, funcionarios públicos. Los recortes que les afectaron, su humillación es lo que aplaudieron los que se sentaban y se sientan en la bancada Popular en el Congreso. A esos a los que no pueden callar porque no les deben el puesto es a los que se quería eliminar, pues se les sabe un dique a sus tejemanejes, una garantía para conservar una sociedad más justa e igualitaria. La próxima vez que os encontréis con alguno de esos héroes sin nombre o con cualquiera que se merezca ese podio, invitadlo a unas cañas.

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