¿Para qué sirve un funcionario público?

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Escultura 'Fiel Contraste', de Ramón Conde, en Pontevedra: homeaje al funcionario hornado - Contando Estrelas
Los funcionarios públicos reciben montones de críticas en España y en muchos otros países. Pero ¿tienen razón de ser o son más bien contraproducentes?

Uno de los deportes nacionales más tradicionales en España es el “tiro al funcionario”. Sin duda, ganaríamos muchas medallas si se tratase de una modalidad olímpica. Pero llama la atención que sean en múltiples ocasiones los responsables políticos quienes arremeten contra ellos. Es inquietante, pero en absoluto extraño, ya que el funcionario es, si le dejan, la única cortapisa al poder omnímodo que nuestros gobernantes —y sus partidos— buscan ostentar en los distintos niveles de la administración.

Lo que muchos no entienden ni comparten es, sobre todo, el carácter intocable del funcionario, esto es, su condición de no despedible, en un contexto en el que las reformas del mercado laboral castigan duramente la estabilidad del empleo en el sector privado. Sin embargo, ese es, precisamente, el privilegio que no debería ser jamás puesto en cuestión, ya que vuelve al funcionario independiente, es decir, le hace invulnerable al turnismo de los partidos políticos en el gobierno.

… el funcionario es, si le dejan, la única cortapisa al poder omnímodo que nuestros gobernantes (y sus partidos) buscan ostentar en los distintos niveles de la administración.

En el siglo XIX, cuando cada uno de los partidos hegemónicos de la anterior Restauración borbónica accedía al poder, procedía al despido de todos los trabajadores de la administración pública y llenaban el país de sujetos ociosos —descritos con precisión por Galdós— conocidos como “los cesantes”, sustituidos por un ejército de nuevos recomendados. Uno de los problemas de la administración española en todos sus niveles es, precisamente, que los partidos han ido poco a poco logrando colocar a sus enchufados, a sus clientes, a sus sicarios, en niveles cada vez más bajos. Como consecuencia, las administraciones funcionan peor, los jefecillos se endiosan y más y más profesionales se envilecen en el peloteo más patético ante la perspectiva de trepar en el escalafón, ya que es el procedimiento más viable, muy por encima de la valía o el mérito.

El ataque a los funcionarios busca aumentar el poder de los partidos en la administración, eliminar cualquier atisbo de independencia en el ejercicio de la función pública y acrecentar los márgenes para la arbitrariedad de los políticos de turno. Al mismo tiempo, se pone a la administración pública, que debiera ser de todos, de facto al servicio de los partidos, amordazándose cualquier posibilidad de discrepancia. ¿Nadie se ha preguntado si los Ayuntamientos habrían funcionado mejor —y con más transparencia— de no haberse recortado hace años las atribuciones de los secretarios y los interventores? ¿Cuál es el problema, el funcionario encargado de fiscalizar con criterios técnicos o el político de turno con su agenda de clientes?

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CGT FEGA

Cierto es que, a veces, algún desahogado aprovecha su condición de funcionario para parasitar la bolsa común. Es un problema, sin duda, pero pensemos bien: ¿qué sector es el que parasita más y mejor nuestra depauperada hacienda?, ¿el de los funcionarios o el de los dirigentes políticos? ¿Solucionamos algo dándoles a estos aún más poder? Y por cierto: ¿cómo prospera un político dentro del partido? ¿Se siguen criterios de valía o cuentan más la pertenencia a familias, el padrinazgo y el servilismo?

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7 comentarios

  • Muy buena reflexión. Es gratificante leer opiniones serias, bien formadas, bien informadas, imparciales, sobre este asunto.

  • Hola Borja:
    Yo estoy de acuerdo en el planteamiento de para que sirve un funcionario.
    Estoy de acuerdo en que la invulnerabilidad del funcionario debe ser para una independencia en el servicio a los ciudadanos, que son los que les pagan y a los que se debe.
    Y estoy de acuerdo en que está mal mirar hacia otros como hacen los politicos contra los funcionarios.
    Pero es lo que haces tú contra los políticos.
    Estoy de acuerdo en las ideas.
    Pero la realidad que yo precibo es que el funcionario no utiliza esa invulnerabilidad para servir a la sociedad, sino para mantener su puchero caliente y su vida confortable.
    Si los ciudadanos percibieran ese servicio de los funcionarios, los ciudadanos serían los primeros en ponerse del lado de los funcionarios frente a cualquier agresion a su colectivo y, por lo tanto, al servicio que recibe.
    Que los ciudadanos escuchen, atiendan y estén conformes con eliminar funcionarios, mi opinion es que no percibe ese servicio por el que esta pagando impuestos.
    Por lo tanto, los funcionarios deberían enfocarse a las ideas de servicio independiente a los ciudadanos, en lugar de llorar por los ataques de los políticos a su puchero y confortabilidad.
    Los ciudadanos no vemos un ataque al servicio eficiente e independiente de los funcionarios. Vemos un quitar lastre de gasto de funcionarios que no sirven y a los que les estamos pagando el puchero caliente y la confortabilidad a cambio de nulo servicio.
    El dia que veamos un ataque a ese maravilloso servicio del ideario del funcionario nos tendrán enfrente.
    A mi modo de ver, depende de los propios funcionarios que así sea, precisamente, dando el servicio que deben y por el que cobran.

    • Que le digan lo de mantener el puchero caliente al médico exhausto por sus múltiples turnos en urgencias, al maestro que meten horas en casa para preparar las clases, al administrativo que sacrifica sus pausas visuales para intentar reducir la cola de usuarios y a los informáticos que se reciclan día a día y utilizan su tiempo de ocio para intentar evitar subcontratas con dinero público (de todos), por poner unos ejemplos de perfiles profesionales públicos.

      Criticamos lo público injustamente cuando el panorama privado no es muy diferente, con dinosaurios semianalfabetos favorecidos por familiares o amigos para ocupar puestos que no les corresponden mientras enviamos a nuestras generaciones más brillantes y con estudios superiores a otros países donde les quieran, donde sí se está construyendo un tejido productivo real que necesita de ellos.

      Y qué decir del afán político de contratar asesores y/o consultorías externas para llegar a conclusiones que los propios empleados públicos conocen muy bien, y que muchas veces se quedan ahí porque ni se les pregunta.

      Hay mucho que cambiar aquí, pero no todo corresponde a los funcionarios.

    • Veamos. Si hablamos de los funcionarios rasos, de los simples “obreros” de la administración pública, hay que aclarar que “el puchero caliente” y la “confortabilidad” existen para compensar unos sueldos absolutamente humildes, no como los que pueden llegar a cobrarse en la empresa privada (con sobrecito bajo mano, incluso), teniendo en cuenta, además, que son totalmente TRANSPARENTES. O sea, que con nuestra nómina, más clara que el agua, no podemos defraudar a hacienda.
      Fdo: una funcionaria rasa que está hasta allí mismo del “tiro al fincionario”.

  • Estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas expuestas, per -y pregunto- tan fuerte es la jerarquía en la administración que no hay el menor atisbo de rebeldía frente a esos jefecillos impuestos por el partido que toca: pregunto.

    Manuel Lafuente

  • Muy buen artículo, Borja. No soy funcionario, pero he de reconocer que cuando se comenta que “sobran muchos”, generalmente se habla por no callar. Si las administraciones duplicadas o multiplicadas por 17 funcionaran a pleno rendimiento, habría mucho menos paro, mejores sueldos para todos, funcionarios o no, más consumo, más riqueza, menos impuestos menos recortes, más bienestar y menos deuda.
    Los sueldos altos, el bienestar, los impuestos, los coches de luho y hasta la deuda, no son malos. Malo es no tener el dinero (ni el salero) para pagarlos.

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