Los adolescentes españoles lo saben todo sobre sexo, salvo sus consecuencias

embarazos no deseados
Mora Mass
Las enfermedades de transmisión sexual aumentan y el número de embarazos no deseados de adolescentes persiste en España. ¿Por qué ocurre esto y qué podemos hacer para solucionarlo?

Mi mujer, enfermera, dedica parte de su tiempo de trabajo al programa Salut i Escola, en el que una enfermera está disponible en el instituto para que los estudiantes de secundaria le planteen sus dudas, por lo general, sobre salud sexual y reproductiva. Un par de veces al año, en compañía de una comadrona, organizan una charla sobre el tema. Antes, les piden a los alumnos que les dejen preguntas por escrito en un buzón, de manera anónima. Estaba repasándolas en casa, la noche antes de una de esas charlas, cuando me dijo: “Oye, ¿qué es un bukake?” Por otra compañera de trabajo sé que una amiga suya, en el mismo programa en una población distinta, recibió la sorprendente pregunta, por parte de una chica de quince años, de cuántas veces a la semana se podía consumir ‘popper’ para practicar sexo anal sin que fuera peligroso.

Entiendo que pueden tratarse de simples vaciladas de adolescentes, un intento de epatar a los adultos representados en la figura de autoridad de una enfermera. Pero tal vez son también signos o síntomas de un problema más profundo y cierto: nuestro prolongado fracaso para disminuir el número de embarazos no deseados en adolescentes y el repunte de las enfermedades de transmisión sexual, entre la población en general y entre adolescentes en particular. Hace unos años, un tertuliano de Intereconomía, debidamente condenado y multado, insultaba a la entonces Consellera de Salut, Marina Geli, por intentar hablar de sexo a los adolescentes en su propio idioma. La llamó “guarra” y “cerda”. Supongo que a este hombre le daría un soponcio si supiera que su hija, que ignoro si tiene o no, habla con toda naturalidad en el recreo de bukakes o sexo anal. No, al parecer hemos de seguir hablándoles de flores y abejas.

… nuestro prolongado fracaso para disminuir el número de embarazos no deseados en adolescentes y el repunte de las enfermedades de transmisión sexual, entre la población en general y entre adolescentes en particular.

Me parece que el corto ‘Burbuja’, dirigido por Gabriel Olivares y Pedro Casablanc en 2009, es más eficaz que las charlas que podríamos hacer a estos adolescentes, y propuse a algunas compañeras que trabajan en el programa, que propongan a las direcciones del centro poder proyectarlo en los institutos: sería un material docente de primera categoría. Lo vi una noche en ‘Versión española’ y lo encontré un resumen genial de la situación: en él, un puñado de adolescentes folla sin medida en las más diversas posturas y combinaciones; la protagonista, una vez acaba las agotadoras y jubilosas sesiones, rocía su vagina con un chorro de burbujeante Coca-cola. Hasta que se queda embarazada. En apenas veinte minutos, el corto nos da un diagnóstico preciso: nuestros adolescentes lo saben todo sobre sexo, salvo sus consecuencias.

La gonorrea se ha multiplicado por nueve en los últimos dieciséis años, y la sífilis, por más de cinco según el último Informe anual de Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España. No todos los infectados son adolescentes, claro, pero sí en una sociedad en la que, desde que el sida no es una amenaza de muerte peor que la diabetes ha olvidado el condón. Por muchos condones que les pongamos a los plátanos a modo de ejemplo en clase, los embarazos no deseados no disminuyen entre las adolescentes. Y eso es todo un problema y podría serlo aún más si se aprobara la reforma de la ley del aborto que algunos partidos políticos pretenden. Un embarazo adolescente, deseado o no, acorta el tiempo de estudio, es decir, penaliza la formación de las mujeres, dificultando su posterior entrada en el mercado laboral, que, con un paro juvenil del treinta y dos por ciento no es precisamente acogedor.

No digo con esto que el aborto sea la solución al problema de los embarazos no deseados. No; en este contexto, el aborto sería la consecuencia de las medidas para evitar los embarazos no deseados en adolescentes. Pero, en contra de lo que afirman los autodenominados provida, la despenalización del aborto no ha supuesto que se disparen las interrupciones voluntarias del embarazo. Al contrario: han disminuido desde que la actual ley de plazos entró en vigor. Pero los embarazos no deseados se han mantenido, las enfermedades de transmisión sexual han aumentado. ¿Solucionaría esto la penalización del aborto? A estas alturas cabe preguntarse qué falla, y por qué no tiene éxito regalar condones, editar cómics explicativos, hablar de flores y abejas.

Creo que una de las claves del problema radica en que no somos creíbles como informadores para los adolescentes. Representamos la autoridad y los padres. No se plantean lo mismo cuando ven porno de fácil acceso en Internet, sin llegar a cuestionarse si lo que ven es real o no —sin llegar a preguntarse si no pasa como en las otras películas, donde a un tipo le pegan un tiro en el brazo y sigue como si nada—, sin saber que pueden asociarse sexo y afecto, por ejemplo. Lo ideal sería que los adolescentes hablaran del tema entre ellos: establecer un grupo focal, una dinámica de grupos, más que una clase directiva. Si pudiera llevarse a una madre adolescente al aula para que relatara su experiencia —sin estar ni a favor ni en contra, tan solo su experiencia cruda y desnuda—, el resultado sería más que interesante, la identificación con la persona que habla, inmediata.

… no somos creíbles como informadores para los adolescentes. Representamos la autoridad y los padres. No se plantean lo mismo cuando ven porno de fácil acceso en Internet, sin llegar a cuestionarse si lo que ven es real o no…

Competimos, es cierto, con un canal muy poderoso, que transforma en rutinario el semen en la cara y el sexo anal, pero que no alude, ni una sola vez, a las consecuencias personales y afectivas de eso, con lo que tiende a dar el mensaje de que, hagas lo que hagas, no hay ningún riesgo. No se trata de asustar a nadie, se trata de informar de los riesgos como los tiene el fumar, el comer con sal o el sedentarismo. Pero tenemos que encontrar y pronto la manera de hacerlo, el canal adecuado para que esto llegue sin aspecto de regañina o censura o control de la conducta; hasta que no resolvamos estas dificultades seguiremos sin poder incidir en lo que de verdad importa: disminuir la incidencia de las enfermedades de transmisión sexual y reducir el número de embarazos no deseados en adolescentes. Se acabó ya lo de las flores y las abejas.

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