Eduardo Gómez se fue al Olimpo de los cómicos

eduardo gómez actor
Aquí no hay quien viva
El actor Eduardo Gómez, de 'Aquí no hay quien viva' y 'La que se avecina', ha fallecido recientemente a los 68 años. Este es nuestro homenaje a su labor.

No sé mucho de Eduardo Gómez, ese actor enjuto y poco guapo que de tarde en tarde me encontraba en la tele, donde hacía de ‘outsider’ en una serie española, ‘Aquí no hay quien viva’ (Iñaki Ariztimuño, Alberto y Laura Caballero, 2003-2006), y más tarde, en ‘La que se avecina’ (Daniel Deorador y los Hermanos Caballero, desde 2007), dos iconos de pleno derecho de la comedia televisible, llena de escenas con aromas de Mihura y Jardiel que a veces te hacían soltar un “¡olé!” tan grande como una plaza de toros olímpica, en caso de que exista eso.

Reconozco haberme despepitado de risa hasta el dolor de riñones con no pocas situaciones muy afortunadas, ideadas por esos talentudos hermanos Caballero, que son unos Lennon y McCartney del asunto de hacer muy bien lo suyo. Es conocido que Eduardo, antes de actuar, había trabajado en variopintos oficios: vendiendo enciclopedias, siendo camarero, albañil, figurante, empleado de grandes almacenes… Alguien que trataba con muchas personas de toda condición: negociaba, vendía, asesoraba, te hacía una chimenea de obra o te daba de desayunar. De ello se forjó un tipo que sabía cómo era la gente de la calle en su día a día, sus pequeñas miserias o bondades, algo esencial para un actor cuyo alimento profesional son todas las experiencias de vida que pueda (y debe) procurarse.

… un tipo que sabía cómo era la gente de la calle en su día a día, sus pequeñas miserias o bondades, algo esencial para un actor cuyo alimento profesional son todas las experiencias de vida que pueda (y debe) procurarse.

A un actor le tienen que pasar cosas. Es difícil ser galán si jamás galanteaste o enamorado si nunca te enamoraste; aunque, bien mirado, este es un endeble argumento actoral, pues tampoco es preciso haber asesinado a nadie para interpretar a Tamerlán o a Mark David Chapman. Pero sí es necesario haberte visto “en muchas y complicadas”. En 1961, Nathalie Wood acompañó a Warren Beatty, su pareja de por entonces, al ‘casting’ de ‘West Side Story’ (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961) para el papel de Tony. El guapo y talentudo Beatty no logró el personaje, pero a Nathalie Wood, que solo estaba allí esperando a que acabase su churri y volverse juntos para casa, le pidieron que diese pie a Warren, haciendo de ‘partenaire’ para evaluar la actuación del actor.

Pero nadie prestó atención al galán porque todos se prendaron de esa delicia irrenunciable llamada Nathalie Wood: salió de la prueba fracasada de su novio llevándose ella el papel de protagonista femenina, María, esa muchacha puertorriqueña, hermana de Bernardo, que es enemigo de su enamorado Tony. Buen trabajo actrizal fue ese, porque Nathalie y el meloso Richard Beymer que interpretaba a Tony se detestaban mutuamente y no lo disimulaban. Y, aunque Eduardo Gómez no es Nathalie Wood, el ‘casting’ al que también acudió solamente para acompañar a un amigo hizo que se fijasen en él, cosa nada difícil, y le propició un papelito en lo que fuere que fuesen a rodar, pero no era ‘West Side Story’ ni le dieron un papelazo como el de Tony o Bernardo, pero Eduardo gustó en su personajito y ya se le abrían las puertas de otra nueva profesión de las muchas que ejerció.

eduardo gómez actor
La que se avecina

Eduardo Gómez siempre me recordó al grandísimo y penúltimo surrealista, Luis Ciges, actor de aspecto similar al de Eduardo: enjuto, frágil, serio, de semblante ni triste ni alegre; simplemente, tenían semblante y el suyo era el de estar abstraídos en su irrealidad tan genuina, tan de ellos, y cuando esa abstracción se rompía, soltaban alguna frase al más puro estilo de Groucho Marx, y tan hilarante como pudiera esperarse de aquel marxista con fundamento y pertinencia.

Si produces una serie con personajes fijos, es muy tentador contratar a actores que se parezcan a las personas que han de interpretar; es una apuesta sobre seguro. La mayoría de los actores tratan, defendiendo “su arte”, de que no los encasillen pero para comer todos los días, y si tienes un físico rotundo, un carácter sorprendente, gran naturalidad y te contratan sólo por eso, es algo casi tan bueno como si te toca el gordo de la lotería. Luis Ciges seguro que tenía un amplio repertorio de registros porque las neuronas se le salían por las orejas y esto era evidente, pero pocas veces abandonó ese rol de imperturbable mayordomo de los Leguineche o asimilados, que no se sorprende de nada, que saca conclusiones surrealistas y a la vez cargadas de sentido sobre cualquier cosa, y que suelta frases “de broche de oro” sin pestañear ni dejar lugar a dudas de que se trata de alguien a quien hay que ponerse a escuchar en cuanto abre la boca, aunque sea para pedir otra cerveza.

[Como Luis Ciges, Eduardo Gómez era] enjuto, frágil, serio, de semblante ni triste ni alegre; simplemente, tenían semblante y el suyo era el de estar abstraídos en su irrealidad tan genuina, tan de ellos, y cuando esa abstracción se rompía, soltaban alguna frase al más puro estilo de Groucho Marx, y tan hilarante como pudiera esperarse de aquel marxista con fundamento y pertinencia.

Eduardo, como Luis, fue un ejemplar secundario de esos que sirven para ser argamasa y dar solvencia al resultado final de una peli, serie u obra teatral. El edificio del mundo actoral está menos firmemente fijado con la marcha de un Atlas apuntalador, maestro de algo que muy pocos saben o supieron hacer bien como nuestro también recordado Luis Ciges: tratar el absurdo con la mayor naturalidad imaginable. Supongo que Ciges y Antonio Ozores habrán ido a recibirlo en las puertas del Olimpo de los comediantes para echarse unas risas con él, hablar de sinsentidos y recriminarse cosas en guasa al grito de: “No hija, nooo”. La ausencia de Eduardo crea en mí unos instantes de silencio, de respeto y admiración, aderezados con una cierta clase de atmósfera irreal que se ha generado en la habitación donde esto escribo, de absurdo silente, denso, que noto que flota en el aire de manera benigna; como un homenaje a este ‘outsider’ metrosexual recién mudado de barrio, porque el absurdo pervive con frescura gracias a gente como él.

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1 comentario

  • Grande, Grande, Grande, Maxi !!!! Es uno de los capítulos está durmiendo con Ana Rosa, contesta una llamada y cuando cuelga, mira a la muñeca de plástico y la dice con esa pose y voz que solo él tenía; “te has desvelado, Ana Rosa ?.
    Muchos momentos inolvidables de alguien Muy Grande. Le echaré mucho de menos.

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