Por qué Canal Nou era prescindible: la ética del periodismo

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RTVE
Las razones por las que se podía prescindir de Canal Nou, cabecera de la antigua Radiotelevisión Valenciana hasta 2013 y sustituido por À Punt en 2018.

Todo el mundo parecía rasgarse las vestiduras en noviembre de 2013 por el cierre de Canal Nou, la televisión autonómica valenciana revivida luego en abril de 2018 como la irrelevante À Punt, que casi nadie sintoniza y de la que nadie habla. Yo no lo podía dejar de ver como un hecho triste, sí, pero tal sentimiento es puramente afectivo. No tiene nada de práctico. Hablo de cuando era pequeño y veía los dibujos en ‘A la babalà’, o de cuando era más mayor y veía un late night cuyo nombre ya no recuerdo. Hablo de una cadena en la que los contenidos en valenciano y en castellano se mezclaban tal y como se mezclan en la realidad. Sin aspavientos y sin confrontación. Por lo menos así lo viví yo, aunque el valenciano utilizado pueda ser puesto en tela de juicio por los más entendidos.

Sin embargo, si me alejo de los sentimientos, sólo podía ver una especie de NODO a destiempo, un panfleto en movimiento lleno de títeres que bailaban al son del reimputado Francisco Camps, la difunta Rita Barberà y quien llegara después; una suerte de ejercicio de ventriloquía sonrojante que en nada respetaba los valores más esenciales del periodismo. Y no se engañen: el Gobierno manipula, pero los periodistas se dejan manipular. No me vale apelar a una mala situación económica, a las tragedias personales o a la coacción. Lo siento. Ser periodista tiene siempre implicaciones morales. Es una de esas profesiones cuyo ejercicio incide directamente sobre los derechos fundamentales del individuo. Si el periodista es moldeable, se moldea a la sociedad; si el periodista miente, convierte en verdad las falacias y, si el periodista omite información, la sociedad se vuelve sorda. Por lo tanto, intentando comprender todas las variables personales de mis colegas de Canal Nou, sus miedos y sus necesidades, solo puedo darles un consejo: que se dediquen a otra cosa.

… una suerte de ejercicio de ventriloquía sonrojante que en nada respetaba los valores más esenciales del periodismo. Y no se engañen: el Gobierno manipula, pero los periodistas se dejan manipular.

Porque esto no venía de entones, sino de mucho antes de la crisis. Venía de la época de la Formula Uno, la Copa América y las visitas del Papa; de esa época en la que la corrupción ni se trataba y los muertos en el accidente de metro poco menos que habían pisado el acelerador. La vergüenza no era el cierre, sino en lo que se había convertido el canal. La vergüenza era la mentira deliberada, o ser cómplice de ocultar información para la creación de una conciencia política. No vale confiar en que la sociedad se va a enterar por otro medio; en primer lugar porque un profesional de la información se debe a la verdad y, en segundo lugar, porque hablamos de la única cadena de alcance autonómico que informaba en el idioma cooficial. El respeto a uno mismo comienza por el respeto a los demás.

Así y todo, es cierto que la decisión de acabar con la cadena fue una chulería más, una forma de no readmitir a los afectados por el ERE. Pero no es menos cierto que no debió haber sorprendido a nadie, y menos a los periodistas de Canal Nou, que ya debían saber como se las gastaban sus gestores. Por lo menos eso dijeron en entrevistas concedidas, por ejemplo, a ‘El País’, contando las penas y los sinsabores; cómo les obligaban a mentir, a omitir y a tergiversar la realidad a favor del Gobierno valenciano. Y yo lo leía y me indignaba. Pero no con los directivos, sino con mis colegas.

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À Punt

Es fácil hablar cuando tus palabras no van a tener ninguna consecuencia, pero ya no es valentía, es chismorreo. El acto ha perdido su valor y la entrevista se reduce a la categoría de crónica morbosa. Hubiera servido en su momento, en pleno auge de la espiral de mentiras y manipulación informativa. Recuerdo haber oído hablar del momento y el lugar oportuno; pues bien, a la hora del cierre ya no era ni el momento ni el lugar. Ser oportuno es algo que distingue a un periodista de un cotilla.

Si nos convertimos en altavoz de mentiras, perdemos la credibilidad. Y sin credibilidad no somos nada. El simple hecho de permitir la manipulación nos convierte en sus autores. Es nuestro nombre, nuestra cara y nuestra voz lo que firma las mentiras que decimos. No solo traicionamos el oficio, sino a nosotros mismos. No solo nuestra integridad profesional, sino nuestra integridad moral. Nos convertimos en proxenetas del derecho a la información y dejamos de ser periodistas. Entonces ya no nos queda defensa, porque no tenemos razón de ser. Una vez perdida la credibilidad somos absolutamente prescindibles. Y eso es lo que pasó con Canal Nou.

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