Atrofiación cultural: ¿los blancos no pueden usar trenzas africanas?

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Maliboy
¿Tiene algún sentido el concepto posmoderno de "apropiación cultural"? ¿Las personas deben o no deben usar trenzas africanas dependiendo de su etnia?

Llevo un tiempito combatiendo esa guasa de la apropiación cultural, que aquí no se va a instalar (al final lo explico) salvo en niveles estéticos, de calle y del día a día (ya lo siento) o de la industria de la moda y la música (también lo siento porque ellos lo alimentan para vender más, a base de generar polémicas como la trivial y supuesta rivalidad entre The Beatles y The Rolling Stones). El asunto va de pelos, peinados, abalorios, turbantes; también de señalar a músicos supermillonarios que van de negros y solo son un poco negros o imitan estilos “de negros”. La cosa va de limitar expresiones artísticas y culturales desde no sé qué autoridad, y eso sí que es peligroso.

Afortunadamente, lo de la apropiación cultural no es una cosa de pasar hambre o apartheids infames, sino algo muy capitalistillo y desenmascarable. Cuando los conflictos étnicos se basan en que uno no debe usar trenzas africanas si es blanco, o peinarse así o asá, aunque resulte tenebroso, aunque suene estúpido, es alentador por lo endeble de la llama revolucionaria y porque quien denuncia estas memeces pocos problemas añadidos debe de sufrir, y bien que me alegra su prosperidad.

Cuando los conflictos étnicos se basan en que uno no debe usar trenzas africanas si es blanco, o peinarse así o asá (…), es alentador por lo endeble de la llama revolucionaria y porque quien denuncia estas memeces pocos problemas añadidos debe de sufrir…

Más bien parece una reivindicación muy burguesita y harto imaginativa. Eso es bueno, menos drama. Mejor. Además, adoro la creatividad, incluso siendo tan maligna y a su vez tan naif, tan tierna. Es como una grandiosa performance artística que glorifica los lujos memos que puede permitirse el primer mundo jugando a ser del tercero, sin pasar riesgos ni calamidades. En verdad, me resulta magnífico que una persona negra toque al piano piezas de Mozart, en Salzburgo o en el metro de Viena, rodeada de austríacos rubicundos y paliduchos, sonrientes y felices escuchando a alguien de fuera interpretar al teclado algo que compuso hace mucho un hombre de allí. Les encanta ver a alguien de fuera ejecutar con amor y pasión lo que ideó su compatriota y no les ofende nadita de nada que el virtuoso sea camerunés. O camerunesa. O que no sea un virtuoso sino un simple y amoroso aficionado y que luego haga una variación alucinante de Mozart por Rithm and blues. Los austríacos nativos presentes enloquecerían de placer. ¿Quién no?

Por otro lado, me encuentro con sensibles personas racializadas y no racializadas también sensibles que afean a otras personas no racializadas, despistadas o insensibles, que usen trenzas africanas… ¡porque es un patrimonio de ese continente y eso puede ofender! “Las trenzas no debería usarlas ninguna persona blanca sin conocer y respetar sus orígenes”. Es el argumento estrella que me he encontrado por todos lados. Y, como soy sensible, actor y el sábado tengo que rodar una cosa de celtas donde hago de druida y se me sugirió hacerme alguna trenza, me puse a buscar los orígenes de las trenzas con el objetivo de conocerlos y respetarlos.

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Me encontré con enorme sorpresa (quién lo iba a decir) que, sean como fueren las trenzas, ya las usaba un tipo llamado… ¿cómo era? ¡Oh, sí!: Obélix. Un galo que “vivió” en el 703 at Urbe Condita (50 antes de Cristo). Oh, oh. Vaya, vaya. Me asombré al descubrir que galos, britanos, vikingos, germanos, macedonios, ilirios, tracios, celtíberos, astures, vascones, galaicos, vándalos, suevos, alanos y godos, todos gastaban trenzas miles de años antes que naciese el glorioso y ejemplar Kunta Kinte (que tal vez ni él ni su pueblo las usaban). No digo que en el África de los siglos XVII, XVIII y XIX no se llevase la trenza, pero lo de Obélix es incuestionable, no hay vuelta de hoja.

Si eres orfebre, agricultor y pescador en las meridionales costas suecas del siglo IX, llevas el pelo largo porque abriga; y lacio, porque eres sueco; y cuando toque subir al drakkar porque además en verano eres guerrero vikingo y luego bajas a tierra para invadir, te haces trenzas para no enredar tu pelo suelto en la batalla con escudos, lanzas y cosas enredables, o para evitar que el pelo se te venga a la cara y te impida ver en la batalla, porque eso es peligroso. Con una trenza puedes limpiarte la cara de sangre salpicada de otros, y ver mejor. También lo llevas largo porque, cuando navegas en tormentas, lo llevas suelto por si naufragas, para que sea fácil agarrarte del pelo antes de que te hundas del todo, inconsciente por un golpe. Tan simple como eso y no lo tiene en cuenta nadie que abandera este esnobismo “cultural” de la trenza africana que limita y confronta, con una probable voluntad de limitar y confrontar.

Es regresivo ponerle [a la cultura] fronteras, límites o determinar legitimaciones de uso (…). El respeto no es limitar tus libertades para que no me ofendan sino dejar a cada cual que haga lo que le salga de su libre inspiración sin meter las narices en lo ajeno.

Querámonos más, caray. La cultura es un ente vivo, como el lenguaje, que se hereda, se dona, se acoge, se imita, se rechaza, se modifica, se acomoda; se impone, se obliga, se absorbe, se induce, se seduce… La cultura no es pura, es mixtificación voluntaria o impuesta, consciente o inconsciente; imbuida a base de sangre y fuego o de romance y poesía; de conquista y sometimiento o de convicción; de moda, de adaptación por supervivencia, de viajes y viajeros; de literatura y de cine universal, de globalización en las redes. De fascinación y amor por el conocimiento local o extranjero sin importar el origen o la etnia del sapiente. La cultura es vida y no tiene orígenes estáticos sino evolución rapidísima y desconcertante, como centellas descontroladas, creando episodios solo localizables en el tiempo y el espacio.

Resulta disfrutable al máximo seguirle la pista, su evolución. Es regresivo ponerle fronteras, límites o determinar legitimaciones de uso. ¡No al nuevo marquesado del conocimiento porque sí! Eso es tenebroso y combatible por falaz. Es una mentira mala y necesariamente enfrentable. El respeto no es limitar tus libertades para que no me ofendan sino dejar a cada cual que haga lo que le salga de su libre inspiración sin meter las narices en lo ajeno. Hagamos menos caso a los y las manipuladoras de Harvard y asimilados. A las y los engreídos que allí estudian. ¿Capici, pijos blanditos? ¿Acaso Harvard es el lugar ultraprivilegiado donde enseñan a los ricos a dar por saco a los pobres con estas cosas “de pobres” y tenerlos así entretenidos con nuevas versiones del “panem et circensis”? Si esto es lo que queréis instalar, no os lo vamos a permitir.

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1 comentario

  • Siento el autocomentario, pero es una pequeña ampliación de mi articulillo porque justamente tras publicarlo he visto en YouTube un vídeo de The Beatles tocando y cantando “Bésame mucho”, de la mexicana Consuelito Velázquez y popularización posterior a cargo del chileno Lucho Gatica.

    Canta McCartney y hace pequeños virtuosismos de tenor, muy de guasa pero que sonaban bien, en una especie de ensayo tontorrón en la que todos parecen pasarlo pipa y se nota. En los comentarios del vídeo de YouTube, muchos chilenos y mexicanos debatían sobre el origen de la canción y tal, pero todos hablaban de los mucho que les gustó esa versión y algunos señalaban LO MUY FELICES, lo muy orgullosos que se sentían de que los Beatles, esos británicos, interpretasen UN TEMA TAN SUYO, tan querido por ellos.

    Esa es la hermosa realidad que hay tras la falacia apropiativocultural. Quelosepas.

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